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Sólo hay dos temas de los que hablar estos días. El año que se va y el que viene. No hay más. So pena de dar el cante, no queda más remedio que ceñirse a lo previsto porque cualquier otra cosa desentonaría en medio de esta marea -asfixiante, todo hay que decirlo- de resúmenes y balances siempre acompañados, para compensar, de la correspondiente expresión de buenos deseos y propósitos. Para compensar, porque es de suponer que así se pretende demostrar que no somos tan idiotas como para no aprender de los errores cometidos, aunque luego inevitablemente los cometamos año tras año.
Para empezar hay que resaltar un dato doloroso: faltan casi un centenar de mujeres en nuestro país. Son aquellas a las que asesinaron sus parejas o exparejas, las que perdieron la vida apuñaladas, quemadas, atropelladas o golpeadas por algunos hombres crueles con los que tuvieron la mala suerte de cruzarse. Son las víctimas de esa violencia de género cuya existencia quieren negar algunos listos como ese Juez que con sus teorías acientíficas y manipuladoras sobre la existencia de abusos legales difumina una realidad mucho más repulsiva y criminal que nadie debiera discutir, sino se quiere ser cómplice de ella.
Por seguir con la parte fea del año, es necesaria resaltar que la crisis, la cansina crisis, ha golpeado a las mujeres con especial virulencia. No es un farol, que más quisiéramos, pero las cifras cantan que cuando otras crisis se sufrieron, las mujeres ni siquiera habían podido abrir las puertas del mercado laboral por lo que fueron víctimas indirectas, de las que sufrían miserias pero no aparecían en las estadísticas. Ahora cuando nos habíamos colado, aunque por la puerta pequeña, con los peores trabajos y los peor pagados, hemos sido las que primero se han ido a la calle, sin hacer ruido, simplemente no renovando el contrato, o dejándonos de llamar.
Pero pongámonos optimistas y busquemos la ventana abierta y no las puertas que se han cerrado: en este país donde se levanta una piedra y sale un obispo, se ha conseguido aprobar una Ley de salud Sexual y Reproductiva que está escrita en femenino y no sólo por los derechos que consagra sino porque se ha hecho pensando en el interés prioritario de las mujeres, en su derecho a ser dueñas de su cuerpo, de su maternidad y su vida sexual. Claro que esta ley la ha impulsado el Gobierno de España, porque el valenciano, el de Camps I, el trajeado, lo que ha aprobado es una Ley de Maternidad que prima a los no nacidos sobre los que ya están en este mundo, a las hipotéticas madres futuras sobre las que ya lo son, dándoles a las primeras, sólo por dar positivo en el Predictor, preferencias en materia de ayudas, becas o subvenciones, lo cual sería altamente satisfactorio si al mismo tiempo no se ignorara olímpicamente , como de hecho pasa, a las que tienen a la prole a casa con urgente necesidad de comida o educación.
Y ha habido también un puñado de mujeres que han conseguido en 2009 ponerse el mundo por montera y ganarse con todos los derechos y en base a su esfuerzo personal, premios y honores sobradamente merecidos, o realizar hazañas que nadie, hombre o mujer, había conseguido, u ocupar sillones que no habían sido diseñados para culos femeninos porque donde se toman las decisiones es difícil que se haga sitio a las mujeres.
Igual sus nombres no les suenan o sólo un poquito y desde luego no están todas las que son, aunque son todas las que están.
Hablo de Amaya García, Premio Ortega y Gasset de Periodismo o Edurne Pasaban que subió al Kanchejunga que es su duodécimo pico de 8000 mtos. Es Arantxa Quiroga, Presidenta del Parlamento Vasco y Angeles Caso, ganadora del Premio Planeta, o Anna Corbella la primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario, o Patricia Ortega la primera mujer teniente coronel en el Ejercito de España que hay gustos para todos.O de Milagros Calvo, que entra en el Tribunal Supremo o de la magistrada Clara Martínez de Careaga que tomó posesión en la Sala Militar del Supremo o de Cristina Manresa, comisaría de los Mossos d’Esquadra. Porqué no nombrar a Laura Cano , al frente de una comisión de la Sección Especial de las Fallas de Valencia y a Maria Luisa Muñoz Díaz, La Nena que ha sido la primera mujer gitana que consigue la pensión de viudedad.
Descúbranse el sombrero ante ellas, porque no hay duda de que lo han tenido difícil, como todo el mundo, pero un poco más por ser mujeres, capaces de todo pero merecedoras de poco, necesarias pero invisibles, amadas pero no apreciadas justamente.
Mi más ferviente deseo es que para el 2010 haya muchas más, que aunque no seamos las mejores, ni las primeras, actuemos como mujeres valientes, responsables y orgullosas dispuestas a no renunciar a nada para poder ir abriendo caminos con generosidad a las que vienen detrás.





