
Cuando nacemos nuestro cuerpo es tierno y los huesos son flexibles, tanto que la primera vez que coges en brazos a ese ser nuevo, intentas cogerle como si fuera una Rosa seca guardada en esas hojas, o en ese libro preferido que guardas como uno de los mejores tesoros…
Coges ese cuerpecito y hueles su cabecita, su piel aún arrugadita y tan suave como aquellos otros pétalos antes de secarse entre las hojas del libro.
Le hueles y ese olor te acompaña de por vida, y aunque pase 30 años, cuando tu hijo o hija se acercan a ti, prevalece ese primer olor a todos los innecesario y sobrante para ti… Es un olor, a entrañas, a tierra mojada mezclada con olores internos tuyos, es un olor desconocido y nuevo que impregna ya todo, incluso al propio hogar
No hay olor que se equipare al olor del ser recién nacido, ni que superes esta terneza y a esta ternura.
Es verdad que parece que cuando vamos creciendo, esta terneza primigenia corporal y sensitiva vaya dando los mismo pasos que la de nuestros huesos hacia la dureza, y a la vez nuestra misma piel y sensibilidad emocional recoja gran parte de esa misma rigidez ósea.
Pero creo realmente que La Ternura, debemos reclamarla desde los recuerdos primeros, y como dice mi amigo Pepes Salas, al relatar sus encuentros con la naturaleza…
¿Hay algo más tierno que incorporarnos dentro de ella, hacernos enmudecer cuando ella resuena en nuestro interior?
O esos recuerdos y vivencias de su nietuca Alma, ese relato de un golpe que solo deja de doler cuando a quienes amas, extrañas, y deseas que esté a tu lado sabe de él, para que le unja con sus manos, ponga sus labios sobre ese primer y tierno golpe infantil, que nos va a decir quienes son aquellas personas que nos acogerán siempre en cualquier caída de esta vida.
¿Hay algo más tierno que esa primeras letanías sanadoras de nuestra madre “Sana, Sana culito de rana, que si no sanas hoy sanará mañana…”
La Ternura no es marginal y excepcional, y va dentro de la humanidad y se complementa con cualquier otro sentimiento, puede estar antes y durante y después de una relación amorosa, sexual y es significativo que se de, demostremos como forma parte de ella.
No hay nada más tierno que después de una relación sexual, te llenen de beso y caricias que nos puedan parecer maternales, de amigo, de hermano de alguien tan próximo a ti que necesita terminar explicitando algo que ni la relación amorosa ha terminado de decir de ti y del significado que aquella otra persona para una misma.
Quizás no expresemos esta Ternura por miedo a que nos cataloguen de Tiernos-as, o aparecer vulnerables… ¡No losé!
Yo misma me autocensuro, y me he autocensurado en demasiadas ocasiones en aquello de demostrar afecto o ternura, y creo que no fue y es positivo para mi…
Y no quisiera que me pasase, lo que dice Abraham Heschel
“…El grado de sensibilidad por los sufrimientos de los demás, por la humanidad de los otros seres, es el índice del grado de humanidad que se ha alcanzado… lo contrario de la humanidad es la brutalidad, la incapacidad de reconocer la humanidad de esa persona próxima, la incapacidad de ser sensible a sus necesidades, a su situación…”
“O como diría el Evangelista Mateos en 25, 14-30 “Fructificar los Talentos” abrirnos a la Ternura de los acontecimientos” del libro Teología de la Ternura
Carmen H