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10/03/2010

LAS HORDAS FEMINISTAS

Enero 7, 2010 por mar vicent

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 Quizás esperan que bajemos de las colinas, a galope tendido y cabelleras al viento, dispuestas a pasar a cuchillo a nuestros ancestrales enemigos. Quizás se asoman cada mañana a la ventana para vernos llegar a nosotras,  a las mujeres, levantadas en pie de guerra, desarrapadas, asilvestradas y aullantes.

Les vendría bien para alimentar sus ofendidos y heridos sentimientos fruto del  miedo que sienten ante las  feministas insurgentes que cada vez se vuelven más atrevidas, más insultantes, más poderosas. Esas feministas que ya no pasan una, y que se creen que pueden conseguirlo todo. Que se alzan como un tornado contra  cualquier inocente desprevenido que  expresa con total espontaneidad y nunca con mala intención el último pensamiento sobre el apasionante y eterno tema de las relaciones entre hombres y mujeres. O tal como ellos lo ven, sobre la guerra entre hombres y mujeres, donde el ganador, y así  lo dice la historia que  respetan a pies juntillas,  siempre fue él, porque era el mejor, el más listo y el más fuerte.

Por eso en estas últimas semanas parece que se hayan puesto de acuerdo un puñado de mentes preclaras, que no son precisamente personas anónimas y carentes de responsabilidad social,  sino respetables arzobispos e iluminados jueces, que uniéndose  a la causa ya defendida fervorosamente por algún que otro escritor de dominical, han expuesto firme y serenamente su tenaz oposición a la “dictadura de las feministas”, su denuncia de las perversiones y abusos que la Ley Integral contra la Violencia de Género está generando y su convicción de que las pérfidas abortistas merecen sufrir abusos como castigo a su maldad.

Entienden que  estas opiniones son respetables y legítimas, con perfecto encaje en un sistema garantista de los derechos, con especial mención del derecho a opinar con completa libertad. Y se sienten incapaces de entender a esas exaltadas  feministas histéricas,   enemigas de la depilación y de dudosa identidad sexual, que se han rasgado sus feas e inapropiadas vestiduras,  exigiendo que su incuestionable  libertad de opinión se vea  limitada  por  el respeto a las leyes y , yendo todavía más lejos, se sustente  en datos objetivos y demostrables, por ejemplo el número real de denuncias falsas, (ya que no les vale el número aportado por el CGPJ, que se les queda corto) o el exacto número de inocentes que han pisado los calabozos,  al amparo de esa Ley denigrante, cuyo efecto protector para las mujeres al parecer  no tiene ningún interés, ni viene al caso. Es evidente el mayor peso en la balanza de las posibles  lesiones causadas  en el honor y la sensibilidad de los hipotéticos inocentes injustamente acusados por  el uso fraudulento de la ley  frente a la relativa importancia de las  vidas de algunas mujeres que pudieron ser salvadas gracias al funcionamiento eficaz de la misma.

Si de algo sabemos las mujeres es de resistir y ganar. De resistir las provocaciones estúpidas y  sortear  los desafíos tramposos. Conocemos la importancia de maniobrar para  conseguir la óptima posición y los mejores aliados capaces de darnos la victoria en las  batallas más importantes. Si algo hemos aprendido las mujeres es a ser estrategas en esta guerra contra los prejuicios y la estupidez,  aguantando heridas superficiales para superar  los golpes más letales. Lo cual no tiene nada que ver con  la sumisión, o la tolerancia, o la rendición, sino fundamentalmente con la inteligencia y con dos sentidos vitales que las mujeres hemos desarrollado de forma preferente: el sentido práctico de la vida y el sentido del humor .Con el primero hemos sobrevivido y aspiramos ahora también a vivir. Con el  último,  desactivamos las burdas provocaciones de quienes quieren hacernos aparecer como trastornadas majaderas, de escasa o nula credibilidad que inventan  fábulas para poder ser  víctimas y reclamar la compasión ajena.

Por eso, no será hoy cuando las hordas de  feministas perturbadas atacarán  lanza en ristre y puñal en la boca, a  quienes las esperan aterrados.

 

 

artefinal