blog de mar vicent
Muchas mujeres de este país han vivido largos años a la sombra de sus muertos, a los que hicieron desaparecer con la pretensión de que no dejaran rastro ni en la vida ni en la Historia. Esa era la artimaña final para poder disfrutar con impunidad del botín que habían robado: el futuro de un país que tal día como hoy eligió la República como forma de gobierno y la vivió con alegría y pasión convirtiendo este breve período en un paréntesis de progreso social y cultural, especialmente para las mujeres.
Escribir sobre la mujer y las Fallas es algo que hay que afrontar el respeto que se merece un fenómeno social y cultural de enorme arraigo, condicionado por unas rígidas reglas de protocolo y funcionamiento que se combinan con una intensísima disposición a la diversión y la fiesta en su estado más puro, con todo lo que ello conlleva de caos y relajación.
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Cada vida importa dicen los que han estado en Madrid con sus pancartas y sus consignas diseñadas desde las más angostas cavernas.
Cada vida les importa, desde luego, pero sólo para traerlas al mundo por mandato divino y evidenciando la debida sumisión de las mujeres a sus funciones reproductivas.
Vivimos en una sociedad cuya medida de valor es el dinero. Y por eso sus valores están también mediatizados por completo por el dinero. Es la piedra de toque que certifica la veracidad o no de declaraciones y campañas en defensa de los más altos ideales o condenando la perversión de determinadas situaciones sociales.
Hay una mujer de Sudán , que se llama Lubna Husein, que se fue a tomar un café y cometió un grave delito castigado con severidad por la ley de su país.