Sirle
Sirle sólo tenía 20 años cuando encontró el sentido de su vida. Se habían conocido en una parada de bus con la inocente pregunta de ¿ya pasó la línea 20? No sabe exactamente qué le fascinó de él, tan sólo que desde ese momento sintió que él era lo que había perdido en vidas anteriores. Quedaron para tomar un café al día siguiente y otro para el día siguiente, para la semana siguiente. Después tocó conocer los amigos de cada uno, ir al cine, de conciertos, paseos, cenas. Cada vez más cerca, más necesidad, más amor. Sirle dejó de pensar en ella para empezar a pensar en él. No había lugar para discusiones porque ella simplemente afirmaba y apoyaba todo lo que él dijese aunque no tuviese razón ninguna.
Después de conocer la familia se fueron a vivir juntos. Dejó de trabajar para dedicarse al 100% al sentido de su vida. Se convirtió más en madre que en esposa, en esclava más que en amante. Su miedo a perderse, a la soledad creció cada vez más y mayor era su dependencia hacia él. Apenas veía a sus amigos, a su familia. Se pasaba el tiempo encerrada en casa y sólo salía para hacer recados. Descuidó su aspecto y se abandonó a su suerte al lado del sentido de su vida. Poco importaba que él llegase a las cuatro de la mañana a casa, que ya no la tocaba, que estuviera siempre de mal humor, que a veces se le escapaba la mano. Tan sólo era una mala racha y ella no decía nada. Tampoco importó que la llamase su amiga Noa para decirle que había visto al sentido de su vida con otra mujer. Y qué iba a importar que se fuese un agosto entero de vacaciones él sólo pero había pagado dos billetes de avión para las Bahamas. Ella sólo vivía para el sentido de su vida, porque no sabía qué haría sin él, no concebía la vida ya sin él.
El sentido de su vida dejó de serlo un 23 de marzo en el que le dijo que se iba de casa, que la dejaba, que no la quería, que prefería a otra, otra Sirle que había encontrado en él su sentido de la vida, una nueva Sirle que cocinaba mejor, que limpiaba mejor, que amaba mejor.
La vieja Sirle vio como el sentido de su vida se perdía dentro de un coche azul calle abajo después de haberlo encontrado hacía 7 años. Y ahora, perdida, sola, abandonada, vagaba por un mundo sin sentido y sin ganas de vivir.
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